Piedra, Papel o Tijera — ¡A Dormir!

En todos mis años como mamá, una de las cosas que menos he disfrutado es ayudar a mis hijos a la hora de dormir. Lo he hecho tantas veces que ya es en automático. Es una carga más al final de un largo día, cuando lo único que quiero es poder descansar.

Definitivamente las cosas han cambiado con los años. Mis hijos ahora son más independientes y ya no necesitan tanto de mi ayuda, de vez en cuando les tengo que recordar que se laven bien el cabello, y ya. Sin embargo, todos los días -ya sea mi esposo o yo- nos aseguramos de que se cepillen bien los dientes, los acompañamos a su cuarto y les damos un beso de buenas noches. Todas las noches. Sin falta. 

Algunos días se duermen en 15 minutos y otras veces tienen ganas de platicar y se les ocurren un millón de preguntas justo antes de apagar la luz. Pero la verdad es que la mayoría de las veces los estoy apresurando a que cierren sus ojos para por fin poder sentarme en paz a ver un poco de tele. 

Hace algunos días, dieron las ocho de la noche y mi esposo y yo no recordábamos de quién era el turno para acostar a los niños, así que lo solucionamos como cualquier par de adultos responsables, con un juego de piedra, papel o tijera. 

Él ganó, así que de mala gana me dirigí hacía la habitación de mis hijos deseando poder tener un tiempo a solas en vez de estar acostando niños y leyendo cuentos. 

Los niños habían escuchado todo y nos preguntaron quién ganó. Cuando les dije que su papá había ganado, los dos empezaron a saltar de felicidad mientras gritaban emocionados “¡Apúrate papi! Es tu turno para contarnos un cuento.”

Me quedé atónita. 

Mis hijos pensaron que la razón por la cual no podíamos decidir quién los acompañaría era porque los dos queríamos hacerlo. Pensaron que sus papás estaban compitiendo por darles las buenas noches. En sus mentes, el premio era pasar tiempo con ellos. 

Cinco minutos antes estaba enojada por haber perdido valiosos minutos de mi tiempo para ver historias en Instagram o tomarme una copa de vino. Si tan solo lo hubiera visto con los ojos de mis hijos, me hubiera dado cuenta de que en realidad había ganado el privilegio de escucharlos platicar sobre su día y darles un beso al acostarlos. 

La hora de dormir es algo tan rutinario que se me olvidó que no siempre van a ser pequeños, se me olvidó la emoción que sentía cuando eran bebés y mi esposo y yo moríamos de ganas por ser quien los cargaba, y lo más grave es que se me olvidó estar agradecida por que puedo abrazar a mis hijos cada noche. 

Por años sentía que la hora de dormir era otra carga más, pero aquella noche, mis hijos me recordaron que es también una oportunidad para estar juntos. 

Todos necesitamos un descanso de vez en cuando, pero si tan sólo pudiéramos ver a través de los ojos de un niño, tal vez así podíamos disfrutar un poco más de los cortos años que durará su niñez. Algunos días son (muy) difíciles, pero esta etapa pronto se convertirá en los buenos viejos tiempos que recordaremos con melancolía. 

De ahora en adelante, cada vez que yo gane en piedra, papel o tijera y esté acostada viendo las estrellas que pegamos en el techo mientras me cuentan por enésima vez cuáles son sus Legos favoritos, prometo no apresurarlos, simplemente voy a tratar de disfrutar el momento y voy a recordar que el premio más grande que puedo pedir es simplemente estar con ellos, y a eso nada le gana.

Born and raised in Mexico just two hours away from San Antonio, Alejandra moved to the Alamo City in 2010 with her husband. A year later they welcomed their first son, and in 2013 she officially became a mom of two boys. She has a degree in Communications from the University of Monterrey, and has worked as a writer and editor for both print and web media. A classically trained pianist, Alejandra currently freelances as a copy writer and translator. Favorite Restaurant: Palenque Grill Favorite Landmark: The Historic Pearl Favorite San Antonio Tradition: Fiesta de las Luminarias