La pancita que me dejó mi embarazo y que he aprendido a querer

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Hace unas semanas me encontré en Sam’s Club a una amiga que no veía hace casi 4 años, poco tiempo después de que naciera mi primer bebé. Al verla, me acerqué contenta a saludarla y ella, se alegra del mismo modo y me pregunta, “¿ya estás esperando el tercero?” Yo vestía unos jeans y una camiseta pegada al cuerpo que dejaba ver esa ‘pancita’, producto de mis dos embarazos en los que mis bebés crecieron cómodamente hacia el frente, provocando que tuviera una panza muy protuberante y con la que más de una vez me preguntaron si iba a tener gemelos.

Probablemente, la pregunta fue más incómoda para ella que para mí, ya que en este momento en realidad no le di importancia. Si me hubiera preguntado eso hace unos meses, no estoy segura si hubiera podido contestar, pero hoy estoy muy contenta conmigo misma y agradecida con esa pancita que me recuerda el mejor regalo que Dios me ha dado y que llevé envuelto dentro de mí en dos ocasiones. Esta pancita, además de las estrías y las marcas, es el papel de envoltura que se abrió para que pudieran salir dos varones con toda su fuerza, alegría y risas que alegran nuestro hogar.

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Las mujeres tenemos una presión social enorme para recuperar el peso y nuestra complexión previa al embarazo en el menor tiempo posible y, simplemente, he llegado a entender que cada cuerpo es diferente. No significa que no esté haciendo algo para mantenerme saludable, al contrario, sino que he aprendido a aceptar que cada cuerpo se recupera a su propia manera y he aprendido a quererme con todo y pancita.

Muchas veces me dijeron que si amamantaba a mi bebé iba a perder rápidamente el peso del embarazo. ¿Qué creen? Llevo 16 meses amamantando a mi bebé y aunque he bajado de peso, está ‘pancita’ no tiene para cuando.

También usé faja por mucho, mucho tiempo. Utilicé la faja postparto que aprieta el abdomen después de la cesárea y, en cuanto pude, inicié a usar una faja colombiana de día y de noche para buscar que apretara lo más posible la piel flácida que había quedado. No niego que ayuda un poco, pero tampoco niego lo incómoda que es y que tan solo horas después de utilizarla, las ‘carnitas’ vuelven a estar en el mismo lugar (al menos en mi caso).

Mi bebé nació en el mes de octubre de 2017, en el 2018 mi único objetivo era “sobrevivir” mi regreso al trabajo con dos niños y seguir amamantando, lo que menos quería era una presión más que me obligara a seguir una estricta dieta para bajar de peso, aunque siempre he tratado de comer saludable, no solo por mí, sino por mi familia.

Este año sí inició con un esfuerzo extra para perder esas libras de más, pero no lo hago por los demás, lo hago por mí. Estoy casi segura de que no recuperaré ese abdomen plano que tenía antes de mi primer embarazo, lo que sí espero es que la alimentación y el ejercicio me den la fuerza que necesito para correr detrás de dos niños que derrochan energía.

Después de subirme a la báscula me di cuenta de que estoy en el peso más bajo que he tenido desde que nació mi primer bebé; sin embargo, creo que todo es una cuestión de números y que quizá puedo llegar a un peso ideal y seguir albergando en mi cuerpo a mi querida pancita. Todas las mujeres somos diferentes, tengo amigas que lucen como si nunca hubieran tenido un bebé, pero otras como yo sabemos que no importa si tenemos 5, 10 o 20 libras de más, o si simplemente seguimos con esa pancita, este es nuestro cuerpo y vamos a quererlo.

Aunque exista esta idea predeterminada de un cuerpo perfecto que han impuesto los medios, hay belleza en cada tipo de cuerpo y nosotros proyectamos a los demás la forma en que nos sentimos.

¿Qué otra cosa he aprendido? Que probablemente no sea tan buena idea usar una camiseta pegada al cuerpo, con unos jeans con los que se te mira el “panquecito” si no quieres que nadie te diga nada. Esto quizá signifique para mí que voy a tener que hacer combinaciones diferentes con mi ropa, aunque no creo que la deje de usar.

Si ahorita se están preguntando qué le respondí a mi amiga, yo solamente sonreí y le dije, “es mi pancita regular” y después de que ella se disculpara más de una vez en persona y por WhatsApp, le aseguré que no había problema, al fin y al cabo, la pancita es mi “envoltura de regalo”.

 

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